Pasados sólo 10 minutos de las 22 el público, impaciente, empezó a batir palmas. El sonido de las manos chocando parecía ser el grito de guerra de los bailarines del Ballet Folclórico Nacional, que pocos minutos después ya estaban desfilando por el escenario del Teatro San Martín.

Un impecable grupo de mujeres en vestidos blancos y con grandes pañuelos apareció en el escenario y empezó a moverse al ritmo de "Amanecer salteño", pieza que introdujo al cuerpo de bailarines. A las damas les siguieron los gauchos, que con paso firme marcaron el ritmo con sus botas y fustas y se abrieron camino entre los aplausos del público que se emocionó sólo con verlos.

La música de Maranessi, D?Agostino y Attadía fue ambientando la coreografía. Las emociones se desprendían del tablado y se desparramaban entre el público. El espectáculo no sólo transitó por distintas danzas nativas del país; también recorrió su historia y su espíritu por medio de sonidos, luces, colores e interpretaciones, que crearon un ambiente impecable y completo. El espectáculo logró arrastrar hasta al más distraído hacia las distintas tradiciones argentinas.

"Chacarera de la luna", con letra y música de Atahualpa Yupanqui, fue interpretada por una pareja que jugó tanto con la danza como con el teatro, y sirvió de introducción para la tercera pieza de la noche: "Misa criolla". La popular obra de Ariel Ramírez fue interpretado con un amplio despliegue de bailarines y colores, que representaron la Pasión de Cristo de una manera tan completa que combinó perfectamente la tradición cristiana con el ritmo criollo que supo imprimirle el talento de Ramírez.

Otra escenografía

Pasadas las 23 volvió a abrirse el telón, y en esta ocasión los propios bailarines aportaron la escenografía. Uno representó un cardón, varios escondidos detrás de sus sombreros y ponchos parecían ser montañas. Mientras el público apreciaba la particular escena apareció por detrás de la platea una joven pastora. La situación no sólo fue una buena excusa para bailar un carnavalito, sino que también representó la leyenda del Cardón de Amaicha del Valle. De este modo, el baile tradicional jujeño terminó recreando una historia de amor entre la pastora y el cardón; a la vez que los bailarines plegaron y desplegaron hilos exhibiendo las complejas figuras de la danza norteña en "El sueño de la pastora".

"La cita", penúltima pieza de la noche, representó dos danzas tradicionales argentinas. La "Zamba del pañuelo" del Cuchi Leguizamón y "La tristecita" de Ariel Ramírez fueron interpretadas por una pareja que buceó en lo más sensual y seductor de las danzas folclóricas.

Antes de llegar a la última pieza de la velada se hizo un pequeño corte, durante el que se explicó que el ballet está festejando el 20º aniversario de su creación y que está homenajeando a dos de sus más importantes coreógrafos: Santiago Ayala y Norma Viola, autores de buena parte de los cuadros de la noche.

Después de los agradecimientos, y de los correspondientes aplausos del público, se pasó al final del espectáculo. El malambo, baile nacional, fue interpretado por todos los bailarines. Con un gran despliegue de zapateos, revoleos y un producido vestuario ellos fueron cerrando la noche.

Un pericón aportó el broche de oro y terminó de motivar al público, que decidió despedirse del ballet de pie y con un eufórico aplauso. Pero ya no eran las ansias del principio las que motivaban las palmas, sino un sincero orgullo por esta impecable producción nacional.